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NO COMETAS ERRORES EN EL GIMNASIO -parte 2-

Seguimos pues, con el resto de las acciones que de manera errónea podemos cometer en el gimnasio.

6. Me pongo a tono en dos meses, o lo dejo

Mejor, ni te apuntes. Los milagros (salvo utilizando productos ilegales, algo que NO debéis hacer por nada del mundo porque conlleva efectos secundarios nefastos) no existen en el fitness.

Al final, como todo en la vida, los resultados llegan a base de trabajo duro, disciplina y perseverancia. Es más, pensar en un largo, larguísimo plazo, sería un enfoque de lo más prudente. Por supuesto que vais a comprobar cómo se producen cambios en vuestro cuerpo desde el principio (si entrenáis fuerte y bien) pero también habrá épocas en las que os parecerá que no avanzáis, o que ya no tenéis la motivación suficiente. Es precisamente en esos momentos cuando más perseverante y disciplinado hay que ser. Esta no es una carrera con un principio y un final.

Si queréis estar en forma debéis seguir entrenado toda vuestra vida, adaptando el entrenamiento a cada edad, lógicamente. Por eso es tan importante que sea un entrenamiento dinámico y divertido. Entrenar todas las semanas es duro y requiere una gran fuerza de voluntad, si no encontramos la manera de disfrutar de ello, lo acabaremos dejando con total certeza.

 

7. Me lo paso genial en el gimnasio hablando con la gente

 

A ver, siempre que lo hagas después, no hay problema. Pero pagar un gimnasio para estar dos horas metido en un sala de las cuales solo media hora está dedicada al entrenamiento (y no de forma continua) es un error tremendo.

No solo no es eficaz (al menos para los resultados físicos, en los otros ya no entro), porque los descansos prolongados entre series o ejercicios provocan que se pierda la intensidad, si no que os alejará totalmente del objetivo principal de la actividad, ya sea perder peso o ganar masa muscular.

Hay muchos lugares para socializar, y desde luego el gimnasio es un buen sitio para conocer gente que comparte tu afición, pero la sesión de entrenamiento debe ser seria. Al gimnasio se va a entrenar, no a charlar. De otro modo acabaréis frustrándoos, porque es fácil que al final os quede la sensación de que habéis estado dos horas en la sala y estáis igual que antes de entrar, y desde luego olvidaos de ver resultados. Si no estáis en la ducha tras cada sesión con la sensación de haber trabajado muy duro (en vez de la de haber tenido una conversación apasionante), mala señal…

 

 

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8. Llevaré una dieta solo a base de pollo hervido y arroz

 

No solo no es una buena idea para los pollos del mundo, que sufrirán un descenso anormal en su especie, sino que tampoco lo es para ti, salvo que seas propenso al sufrimiento, no te guste disfrutar de la gastronomía o hayas hecho una promesa al santo de tu pueblo. La famosa dieta del culturista es eso, una dieta para profesionales del físico culturismo (y discutible).

Para el resto de los mortales, las directrices en cuanto a dietas son mucho más sencillas y sobre todo agradables. Volverse loco con las dietas hasta el punto de obligar a los cocineros de los restaurantes a calentar la comida que llevas de tu casa te va a ayudar seguro a construir tu cuerpo de forma más rápida, pero las consecuencias psicológicas (y logísticas) pueden ser muy negativas.

Sin necesidad de llegar a esos extremos se puede llevar una dieta sana y equilibrada, que complementada con una buena rutina de entrenamiento puede dar muy buenos resultados. Y, la verdad, tampoco es demasiado complicado, se trata de seguir unas directrices básicas muy fáciles de recordar: eliminar (o reducir al mínimo) la ingesta de dulces, frituras, grasas saturadas y alcohol, tratar de realizar de tres a cinco comidas lo más equilibradas posible (sin atracones) siempre con una cantidad moderada (mejor quedarse con hambre que saciado), priorizar frutas y verduras junto a carnes y pescados a la plancha y tener una ingesta moderada de hidratos, nunca eliminarlos ni reducirlos demasiado.

Sin volverse loco, pero también sin engañarse. Olvidaos de las extrañas ecuaciones (que si no puedo mezclar esto con lo otro, etc). Y no pasa nada por tomarse dos o tres cervezas un par de días a la semana. Pero sí pasa (y mucho) si son 5 copas todos los días desde el viernes hasta el domingo, aunque luego no pruebes el alcohol el resto de la semana. Os aseguro que si entráis en una buena rutina de entrenamiento, vuestro cuerpo os empezará a pedir una dieta más saludable casi de forma natural (porque soportaréis mucho mejor el esfuerzo). Y una máxima muy obvia que le escuché una vez a un deportista de elite: los días que no entrenéis, tratad de reducir ligeramente la ingesta total de calorías.

 

9. Hago 1.000 abdominales cada día para marcar abdominales

 

Y te servirá sobre todo para practicar tu capacidad de contar hasta 1.000 (hazlo en inglés al menos).

Ya lo he mencionado en el punto 4, pero se trata de un error tan común que merece su propio capítulo.

Veamos, número 1: el recto abdominal, el famoso six pack, es un músculo tónico, su función es estabilizar y mantener la forma del cuerpo. Por tanto, se activan por si solos en mayor o menor medida en cada ejercicio que hacemos. Además, no están orientados a contraerse o estirarse (como los bíceps o el dorsal, músculos fásicos), por tanto el clásico trabajo de crunch (la elevación del tronco) no sirve más que para ganarnos unas buenas agujetas.

Muchos expertos consideran que no es necesario trabajarlos específicamente (y no les falta razón), pero si queréis dedicarle algún ejercicio, que sea incidiendo en su funcionalidad natural, con planchas isométricas (manteniendo la posición durante 30-60 segundos con el abdomen activado) para trabajar el transverso o faja abdominal (el que está debajo del recto abdominal y que nos ayudará a disminuir circunferencia abdominal). Y si aún así no os resistís a aplicar algo más de intensidad, hacedlo con el mejor ejercicio que hay : la rueda abdominal (que en casa lo podéis hacer con unos trapos en el parqué).

Y llega la gran pregunta: ¿pero entonces como puedo marcar abdominales? Pues la única forma es eliminar la grasa que los recubre, y para eso es infinitamente más eficaz que dediques el tiempo a ejercicios que incrementen tu ritmo cardiaco que a hacer abdominales como un loco, por supuesto, complementándolo con una dieta adecuada (punto 8). Haciendo series larguísimas de abdomen gastarás un tiempo precioso con unos resultados frustrantes.

 

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10. Voy a centrarme en los músculos más agradecidos

 

Y conseguirás que ellos te estén aún más agradecidos, pero el resto se enfadarán, y mucho, provocando una descompensación total en tu cuerpo.

Es precisamente lo contrario, si ves que hay algún grupo muscular que a poco que lo trabajes se desarrolla rápidamente, dedícale menos tiempo y céntrate en tus zonas más débiles.

Un ejemplo muy claro está en el grupo del manguito rotador externo (los músculos que utilizamos para llevar los brazos hacia atrás). Muy poca gente los trabaja a conciencia, y a la vez se centran en los antagónicos como el pecho. Dado que además casi todos los movimientos que hacemos en nuestra vida diaria son con un movimiento de los brazos “hacia delante”, descuidar este grupo muscular provoca una descompensación que además de dolores y lesiones frecuentes da a mucha gente esa postura cifótica (con chepa, hablando en plata) que tan fea queda. Si queremos lucir un aspecto saludable, también hay que trabajar estas zonas olvidadas (el glúteo medio, los músculos estabilizadores o los gemelos son otros buenos ejemplos) que aunque no sean tan llamativas como los grandes grupos nos van a ayudar a tener un cuerpo más armónico y a la vez una postura que hará que todo nos luzca mucho más (además de evitar lesiones y descompensaciones).

También es importante olvidarse de ciertas creencias totalmente erróneas: unos brazos bonitos no los dan unos buenos tríceps o bíceps, sino unos hombros bien formados y trabajados en sus tres zonas: anterior, lateral y, sobre todo, posterior. Igual que un tren inferior atractivo llega sobre todo a través del glúteo, más que de los cuádriceps.

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